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Alapryles y Diablitos

Dios le da pan...

Yo no sé la rutina mañanera de todos ustedes, pero yo, según abro el ojo, aún sin despertarme del todo, lo primero que hago es lamentarme de la enorme injusticia que supone tener que abandonar mi colchoncito destartalado y calentito para tener que ir a trabajar. El angelito del hombro derecho dice, con una voz muy bajita, que casi no se oye, que venga, que arriba, que vas a llegar tarde, y el diablillo rojo del otro hombro dice a grito pelado entre acordes distorsionados de guitarra eléctrica que no, que ni de coña, que estás mala, que te quedes acostada, que, total, ya fuiste a trabajar ayer. Son precisamente esos guitarrazos los que terminan de despertarme (tengo que decirle al demonio ese que cambie de método, porque el fondo de su discurso me mola, pero no son formas), y es en ese mismo instante en el que todas mis energías se centran en maldecir al organismo ese de apuestas del Estado, y al azar, y a la señora que me sella las apuestas, porque sé que ellos son los culpables, que no entienden que yo necesito ser millonaria, pero lo necesito de verdad, y no ponen fe en mí. El siguiente paso de esta esquizofrenia mañanera es depositar todas mis esperanzas en el próximo sorteo y pensar el tamaño de la valla que impedirá las visitas inoportunas a mi finca aisladísima en los montes de Dinamarca o así de lejos.

Pero esta semana se ha introducido un nuevo elemento en esa rutina vital. Ahora, parte de las energías que antes dedicaba únicamente a lamentarme o a soñar medio dormida, la empleo en amontonar odio, incomprensión. Estupefacción, sorpresa e incredulidad. Todo ello dirigido a la misma persona: a la pedazo de tolla que se ganó 126 millones de euros nuevecitos en el Euromillones y, en vez de empezar a encargar temporadas completas de series, y libros, y películas, y muñecos gigantes de Doraemon, y Hello Kitty, y trajes de la guardia imperial en Amazon, y perderse del mundo, decidió ir a trabajar, por miedo a perder su empleo por la crisis. Encima de tonta, egoísta.

El próximo bote será mío, seguro, porque tengo fe. Y, yo, como la ganadora, iré al día siguiente a trabajar, como siempre.

PD. Esta columna está basada casi siempre en hechos reales. Esta semana más que nunca. Adivinen qué frase, de todas las anteriores, no tiene ninguna coincidencia con la realidad.

4 comentarios

LaURa -

I´ve missed you my dear!
Yo pongo fe, también, por tí, y que desos milloncejos salga una mansión campera para meter al Nublo, anda.

Cuinpar -

La Rubia, ahí, al hígado...

Chiripitifláutico es la sonrisa de papá -

Tú sigue así, que vas por buen camino. El/la que la sigue la consigue.

La rubia -

Yo sé cuál: "tengo fe"