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Alapryles y Diablitos

Frase del año II

"Es mejor comer dos veces que dar explicaciones".

A vueltas con la religión

Dicen que uno de los grandes males de la sociedad actual (en el mundo desarrollado, supongo) es el insomnio. Aunque pudiera parecer que a mí nada me quita el sueño, yo también he padecido en más de una ocasión la angustia de no pegar ojo.Al principio mataba ese tiempo en blanco pensando en la manera más efectiva de escapar de una cárcel de alta seguridad en Indonesia, como esas que salen en las películas. Me imaginaba metida en un carrito de esos de la comida, o haciendo un túnel con una cucharilla de café, o fingiendo estar muerta… La más divertida era imaginarme cantando a grito pelado aquello de “mejor quisiera estar muerto/ que preso pa’ toda la vida/ en este Penal del Puerto/ Puerto de Santa María”, hasta que los carceleros se hartaran de oírme desafinar y me pusieran en la calle.Pero últimamente me he vuelto seria. He empezado a darle vueltas al asunto de la religión; me atormentan las dudas sobre el ser supremo y todopoderoso, sobre si es posible y científicamente viable su existencia, su omnisciencia y todo eso. Vamos, las dudas de cualquier agnóstico, ni más ni menos. Y toda esa retahíla de pensamientos, que más me quita el sueño que enviarme a los brazos de Morfeo, me conduce siempre a la misma pregunta: en una pelea entre Dios y Supermán, ¿quién ganaría? Dios es omnipotente, sí, pero Supermán es Supermán. Y se supone que si Dios nos creó también puede acabar con nosotros, así que barrería de un plumazo a Supermán. Pero, ah, el superhéroe no nació en la Tierra, sino en Kriptón y lo mismo ese planeta no entra en la jurisdicción del creador, por lo que se haría fuerte y acabaría con Dios. Pero ¡no! Nadie, (salvo Nietzsche) puede matar a Dios. Eso, si entre medias no aparece en la pelea el monstruo del spaghetti volador. Vuelta al principio, empieza otra vez el round de ataques y de preguntas y respuestas, y dura hasta que me entra el sueño. Un sueño con S de Supermán.

Pragmatismo

Pragmatismo

Últimamente me falta tiempo para hacer todo lo que me gustaría, o todo lo que debería, así que el otro día, en vez de atrasar el reloj una hora, decidí atrasarlo dos. A ver si así me cunde.

Un calentamiento global...

Tenía ya elegido el sitio en el que iba a vivir, un enorme  piso en la planta baja de un edificio. Parecía fresquito, no le daba mucho el sol y, al ser un bajo absorbería mayor cantidad de humedad de la poca que había en el suelo. Empleé horas en la lectura de manuales de agricultura ecológica y ya conocía la manera más eficaz de tener un huertito que me abasteciera, sin usar mucho agua y reciclando la que pudiera. En marzo, cuando llegó el buen tiempo a esta bendita ciudad, yo dejé la estufa puesta. Al principio al mínimo, pero iba subiendo la temperatura a razón de un grado por mes. Tenía que acostumbrarme a esas temperaturas, cualquier precaución era poca, pero ahora resisto hasta 50ºC sin inmutarme. En ese mismo mes empecé a entrenarme en la piscina, me iba a ir bien, porque así acostumbraría a mi cuerpo a nadar mucho tiempo y largas distancias; podría incluso convertirse en mi único medio de transporte cuando me quedara sola y llegara la temporada de lluvias. Entonces se me ocurrió que podría fabricar algo que me permitiera guardar esa agua de lluvia para usarla, porque la que quedara en los embalses iba a estar llena de lodo, y yo para el agua soy muy fina. Recorté todas las fotos de los glaciares, para poder recordar cómo eran antes del cambio. Y ahora, de repente, tanto esfuerzo, tanta dedicación, tantos meses de estudio y entrenamiento para nada. Que dice Rajoy que dice su primo que es físico, que de cambio climático nanay, que nos dejemos de boberías, que si Paco Montesdeoca (ay, qué antigua) nos fastidió el fin de semana porque nos dijo que iba a hacer sol y cayó la más grande, que no podíamos permitir que unos señores nos arruinaran lo que nos quedaba aquí, porque decían que cada vez iba a hacer más calor y se derretiría todo y en realidad no.Pero no se indignen con estas palabras. No se lo tomen a mal y no se lo tengan en cuenta a don Mariano. Como dirían mis amigos de LAGENDA: “un calentamiento global lo tiene cualquiera”.

El carro más listo

El carro más listo

Siempre me han gustado los cacharritos, con sus botones, sus pantallitas, sus luces intermitentes, rojas, verdes… son como una droga. No importa saber para qué sirven, o que, aún sabiéndolo, no los vaya a usar jamás (mi último capricho, un tester de energía, o como quiera que se llame, que me tuvo privada tres días, aunque sólo lo usé como falso desfibrilador). Muero por tener todas esas cosas que parecen trabajar solas, aunque soy consciente de que tengo esa impresión por mi total desconocimiento de la ingeniería que usan, de las bases que rigen su funcionamiento. Quizás por eso me maravillan tanto, debe ser como el misterio de la Santísima Trinidad, que engancha a los creyentes por lo que tiene de inexplicable.Pero no puedo dejar de confesar que en ocasiones esa misma ignorancia causa mi temor crónico hacia ciertos descubrimientos. Esta semana, por ejemplo, ha visto la luz un carrito de supermercado inteligente. El disco duro del cacharro almacena las cosas que tenemos en nuestra nevera (con la mía no le costará mucho trabajo), las cosas que hemos consumido en otras ocasiones, y vaya usted a saber cuántos datos más, para guiarnos hacia una compra eficiente y eficaz, indicándonos qué productos son los que nos convienen, cuáles tienen más calorías de las que nuestro body se puede permitir, qué falta en nuestra cocina, cuántos hidratos de carbono se van a quedar en nuestras caderas y tal. Hasta aquí todo bien. Me parece perfecto que los fabricantes de carritos se preocupen hasta ese punto por nuestra salud, pero más es pasarse. Resulta que el dichoso carrito, si observa que, pese a sus advertencias, decides coger la bolsa de minichocolatinas y el helado de a litro, se toma la libertad de mandarte un sms, a ver si te hace desistir aumentando tu culpa. Y me pregunto: si aún así decides quedarte con las golosinas, ¿hasta dónde será capaz de llegar? Lo mismo te llama un robot diciéndote: “pedazo gorda, ya puedes ir dejando ese chocolate donde lo cogiste. Y ya de paso, levanta un poquito el culo del ordenador y haz unos abdominales, que falta te hace”. Miedo me da. Mejor se dejaran de tanta bobería y pusieran sus esfuerzos tecnológicos en inventar un carrito al que no se le torcieran las ruedas, ese sí sería un gran avance. En todos los sentidos.

Come una, cuenta veinte.

Come una, cuenta veinte.

Tengo la impresión de estar pasando por un bache intelectual. Esta semana, un día antes de entregar este rincón semanal, no tenía ni idea de qué hablarles. Empecé a pensar: “-A ver, ¿qué cosas has hecho estos días? Errr… leer, ver pelis y series, currar (o algo), echarme unas cervezas, irme de compras, jugar al Trivial… Ahí lo tienes. Escribiré sobre el Trivial, que eso salía en un test de friki que hice una vez”. Lo que ustedes no saben es que muchos de estos rincones, en virtud de mi inseguridad congénita, pasan primero el filtro de una amiga muy sabia que yo tengo. Ella tiene casi siempre la última palabra, y cuando le pregunté por la conveniencia del tema, mi gozo en un pozo: “-el Trivial no es friki”, sentencia. “-¿Por qué no escribes sobre el campeonato mundial de parchís? Es lo más friki que he visto en las últimas semanas, y seguro que puedes consultar las imágenes en Internet”. Las siguientes cinco horas las pasé imaginando los horrores que podría encontrar cuando introdujera las palabras “campeonato de parchís” en un buscador y créanme si les digo que lo que allí encontré superó con creces mis expectativas: miles de personas de toda Europa, vestidas de su color favorito, con sombreros cónicos amarillos, rojos, azules y verdes, que se alimentan durante un fin de semana con platos de esos mismos colores (no quiero ni imaginarme cómo conseguirán un alimento azul) y que compiten en varias rondas por hacerse con el gran premio, que consiste en un banco artesanal con parchís incluido y un lote de regalos de los comercios locales.El campeonato de este año lo inauguró la cónsul de India (vaya usted a saber por qué) y se hizo con el trofeo una pareja de Dos Hermanas. No de dos hijas de la misma madre, y perdón por el chiste fácil, sino del pueblo de Sevilla del que también salieron Los del Río y La Macarena, Carlos Jesús el descubridor de Raticulín, y el inefable Niño del Meshero. Para colmo, los hijos de esta pareja, que también se desplazaron a Huesca para el certamen, ganaron en la categoría infantil (hijos de gatos cazan ratones).Dentro de no mucho tiempo iré de nuevo a visitar Dos Hermanas. Les prometo fijarme bien y no permitir que se me escapen frikis como éstos. Adiós crisis creativa. Larga vida al Rincón.

Noventa y cinco céntimos

Noventa y cinco céntimos

-¿Algo más?

-No

-Son novent...

-¿Cuánto es?

-(suspiro)

-Noventa y cinco céntimos

-¿Cuánto?

-¡Noventa y cinco céntimos!

-¿Nueve con cinco?

-No... ¡Noventa y cinco!

-¿Veinticinco?

-No... ¡Noventa y cinco...! ¡Noventa y cinco céntimos!

-No me entero, señorita

-¡Noventa y cinco miserables céntimooos!

-¿Noventa y cinco?

-¡Sí! Noventa y cinco putos céntimos de mierda.

-¿Tiene cambio de cincuenta?

-...

Bienvenidos. Muahahahaha!!!!

Portadas como ésta me motivan y hacen que me den ganas de ir a la facultad...

Está escrito en las estrellas

Está escrito en las estrellas

Sagitario:

Usted vive en el hemisferio sur, y desde ahí no tiene posibilidades de ver la Osa Mayor, que es su constelación de la suerte. Venda todo y emigre, o cómprese un osito de peluche.

A veces me gusta leer los horóscopos...

Cajón desastre II

Cajón desastre II

¿Cuánto más podrá engordar Mercedes Sosa? ¿Cómo hará para vivir sin cuello? ¿Por qué se parece tanto a Jabba el Hut?

Rincón del Friki del viernes...

A menudo, los que me conocen se quejan, entre otras muchas cosas, de mi falta de paciencia con las cosas y con las personas y no les voy a quitar la razón, pero, como a todo en esta vida,  tengo que ponerle mis matices. Cierto es que soy una persona de prontos, y cabezona, y que si de entrada digo negro, negro es, aunque tenga que pintarlo. Pero no se crean que esto es así sólo para lo malo. Cuando algo o alguien me gusta y en virtud de mi cabezonería, soy la reina de las justificaciones y de las segundas y hasta terceras oportunidades. Más no, que tampoco soy tan boba… Así, soy de las que asistió emocionada al estreno de ‘La Amenaza Fantasma’ y aunque en el fondo salí pensando que nos habían estafado a todos, tardé casi dos semanas en reconocer en voz alta mi decepción, lo cual no impidió que fuera con la misma emoción al estreno de ‘El Ataque de los Clones’. Esa vez tardé menos en mostrar mi indignación por el rollo cursi que nos tuvimos que tragar (acuérdense del futuro Darth Vader y Amidala rodando por la ladera), y pensé en no molestarme en ir a ver la tercera. Pero de nuevo me pudo el sentimentalismo y menos mal, porque ‘La Venganza de los Sith’ me reconcilió con la saga galáctica.

Ahora parece que se va a estrenar la segunda parte de ‘Batman Begins’, o sea, la secuela de la precuela, y vuelvo a estar en las mismas. Batman siempre ha sido mi superhéroe favorito, es el único que no tiene superpoderes, ni nació en otro planeta, ni lo picó un bicho radiactivo, nada de nada. (Es un tipo como cualquiera aunque más cachas y con más pasta, eso es todo). ‘Batman Begins’ me aburrió sobremanera, aunque parece que sólo a mí, pues mis acompañantes salieron encantados de la sala, después de ver al futuro salvador de Gotham City al más puro estilo pequeño saltamontes de ‘Kung Fu’ recorriendo una ciudad que parecía Cuenca para llevar no sé que flor a no sé dónde para no sé qué. Súper divertido. Aún así, ya tengo maripositas en el estómago, pensando en esa segunda parte. Y también porque ya falta menos para ver a Indiana Jones viejito, al que también le estoy buscando justificación. Pero eso es otra historia.

Zapatero mola

Zapatero Mola. Carme Chacón mola. A Solbes le debe estar dando un infarto en estos momentos. Pero Zapatero Mola. Y Carme Chacón.

 

Y que nadie me diga lo contrario. Hoy, por lo menos.

Felicidades!

Felicidades!

Aunque hoy cumplas
cuatrocientos treinta y dos meses *
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores

buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
                                           y estés linda

casi no vale la pena desearte júbilos
        y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros

es obvio y comprensible
        que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos

de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
                                                              cumpledías

acordate de esta ley de tu vida

si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
                        y yo
                               te queremos de veras

pero yo siempre un poquito más que el mundo.

 

Mario Benedetti.

  

* Trescientos treinta y seis meses en el original

La pregunta

¿Por qué cuando me pongo algo blanco la mierda es de color negro y cuando me pongo algo negro la mierda es de color blanco?

 Que se defina de una vez, por dios.

Cajón desastre

-¿Hasta cuándo va a durar?

-Errr... ¿Cuánto mide un trozo de cuerda?

- ...

La hache no es muda

La hache no es muda

Siempre he dicho que las personas de pensamiento lento estamos imposibilitadas para la discusión. Se nos ocurren los mejores argumentos cuando ya todo el mundo está en otra cosa y no es plan volver atrás en el tema, así que a menudo callamos. Normalmente, cuando nos preguntan nuestra opinión sobre un tema nuevo, se nos queda una cara como de guiri, y lo más que acertamos a responder es un: “errr… mmm… no sé… no lo he pensado lo suficiente”, y nos quedamos ahí, rumiando y dando vueltas a la lavadora hasta que somos capaces de formarnos una opinión y expresarla de una manera más o menos coherente, que esa es otra.

Mi última experiencia en este sentido fue esta misma semana, con la noticia de que Eva Hache había decidido presentarse, con su programa como partido, a las elecciones generales el año que viene. Como siempre, no supe qué pensar. Eva me cae muy bien, no es como las yolas berrocales o los pocholos, y me resultaba gracioso imaginármela en ese hemiciclo hablando a toda velocidad, como hace ella, quitándole gravedad y seriedad a todos esos asuntos que discuten ahí, luchando contra la tan traída y llevada crispación con ese sentido del humor tan suyo y respondiéndole a los políticos como todos les responderíamos si supiéramos y tuviéramos la oportunidad. (En este caso, la hache dejaría de ser muda. Je.)  Entonces me di cuenta de que era mi propio argumento el que me estaba convenciendo de todo lo contrario. La política, en el fondo y aunque a veces no lo parezca, hay que tomársela en serio, aunque los que se dedican a ella no se quieran enterar.

Eva promete trabajar si sale elegida diputada (sólo nos faltaría que encima no currara), pero mucho me temo que en esa línea de cachondeo y jarana, como si ya el congreso y el panorama político no fuera un espectáculo en sí. Ojo, que no es que de repente me haya vuelto una persona seria y gris, de esas de ceño fruncido. Lo que pasa es que no creo que sea el momento de una frikiada así, querida Eva. Ahora no.

Hay que leer, amigos

Anoche estuve leyendo un libro interesantísimo sobre la tribu Etoro. Es una tribu de Papúa Nueva Guinea, formada por unos cuatrocientos miembros, aproximadamente y que viven fundamentalmente de la caza y de la agricultura.

Resulta que estos tipos incentivan las conductas homosexuales entre jóvenes y hombres adultos. Tal así, que a partir de más o menos los doce años, cada chico es "inseminado" oralmente más o menos una vez al día por un joven que le es asignado como compañero. Después de un tiempo, pasa de ser "inseminado" a ser "inseminador", y pasado más tiempo aún, suele casarse con la hermana del hombre más joven.

Los Etoro desprecian el valor de las mujeres como madres y como esposas y retrasan el matrimonio todo lo que pueden. Sólo se les permite mantener relaciones heterosexuales fuera del hogar familiar y bajo una circunstancias muy estrictas. Sobra decir que la tasa de natalidad es muy baja.

 Interesante, ¿No?.

Vaaaaaaale. Anoche, en realidad, estuve viendo Gran Hermano, y lo de los Etoro lo acabo de sacar de la Wikipedia. Cosas que tengo, oiga. Lo que pasa es que en Gran Hermano este año hay dos gemelas que tienen que hacerse pasar por una sola, y un tipo de mi pueblo, que quiere ser cantante. En la tribu Etoro no conozco a nadie...

La frase del año

"Las pibas siempre esconchan los conjuntos"

Ahora lo entiendo todo

Pero todo, todito. Resulta que ayer, en una tarde-noche súper productiva de las mías, no sé cómo, ni a través de qué búsqueda o qué blog o vaya usted a saber, acabé en una página que te dice quién fuiste en una vida anterior. Es ésta, por si le interesa a alguno y luego nos quiere contar. Claro, la curiosidad mató al pez, y como sólo tenías que introducir un par de datos y yo estaba más aburrida que Fernando Alonso en un tiovivo (rian el chiste, por favor, suban mi autoestima), pues me lancé, y esto fue lo que me salió. Obviamente, los comentarios entre paréntesis son míos.

 

No sé cómo te sientas al respecto Idaira, pero parece que tú fuiste hombre en tu última encarnación. (Bueno, hay cosas peores. Ser rata, por ejemplo…)

Tu signo zodiacal en esa vida era Escorpión. (Menos mal. Menudo disgusto si llego a ser… no sé, piscis, o algo así de horrible)

Muy probablemente pasaste los últimos momentos de tu vida en algún lugar cerca de los Países Bajos, aproximadamente en el año 1874. (O sea, que la palmé en Holanda en 1874. ¿Y no piensan decirme dónde estuve metida desde ese año hasta 1979, que nací otra vez? Empiezo a creer que esto no es serio…)

El nombre por el que se te conoció en esa vida pudo haber sido algo como Verbnigge o Vogel. (Claro. Son dos nombres tan parecidos que es fácil confundirse. Lo que no entiendo es cómo habiéndome llamado así sobreviví hasta ser adulta. Y cómo ahora, en esta vida, tenía dificultades para pronunciar “Äagxen”…)

Es posible que tu ocupación en esa vida fuera algo relacionado con carpintero, armador de barcos. (¡No podía ser de otra manera! Eso explica  que ahora tenga el arte que tengo en construcción, bricolaje y demás… Si es que lo que se aprende una vez, ya no se olvida, si no, que digan mi Jefita y el Consorte la maña que me doy con todo eso)

Siempre te gustó viajar, investigar, pudiste haber sido un detective o un espía. (¿En qué quedamos? Espía o carpintero-armador. Coño, igual soy la de la canción aquella: “Creo en vos, arquitecto, ingeniero, artesano, carpintero, albañil y armador…” Seguro, y por eso me suena tanto)

Tu lección — aprender humildad y fe en los principios espirituales. Deberías creer en una Fuerza Inteligente Superior. (No te jode. Ya sé que debería creer en una Fuerza Inteligente Superior, pero no me sale, y así estoy como estoy… Pero creo en las Fuerzas Brutas Superiores, ¿no me lo convalidan?)

¿Ahora te Acuerdas? (Claro, claro que me acuerdo, ahora que lo dices. Muchas gracias, hombre…)

Pues eso, amiguitos. Ahora ya saben a qué dedico el tiempo libre... ¿A ustedes qué les sale? 

 

Buen día para dejar de volar.

Buen día para dejar de volar.

Está nublado. Muy nublado, no se ve a tres palmos. Con un poco de suerte cancelan el vuelo, por favor, que se pose toda la niebla del mundo sobre este bendito aeropuerto, mamá, qué miedo. Mamá, es la última vez que te hago caso, no pienso volver al aeropuerto, así venga el Delta otra vez y sea el único sitio de toda La Laguna donde tomarse un café (puñetita verídica y además, cierta). Con lo tranquilita que voy yo en barco, mirando calderones. Tengo que pensar en otra cosa que me distraiga. A ver, pensaré en lo guapo que es ese chico y en lo bien que le queda esa camiseta. Igual si nos estrellamos llegamos a una isla desierta, como en ‘Lost’ y me lo ligo. Mierda, voy en la parte de atrás del avión y en la serie, los que sobrevivían iban, en su mayoría en la parte de delante. Vale, me cambiaré de sitio, pero ya, porque no quiero morir. Claro que si me cambio de sitio y el guaperas este no, no nos vamos a encontrar hasta el segundo capítulo de la segunda temporada o por ahí, y para ese entonces ya se lo habrá ligado la tetona esa que no para de mirarlo y que seguro que no tiene miedo, como yo. Aunque bueno, la tetona a lo mejor se muere. A lo mejor sólo sobrevivimos él y yo, cada uno en una punta del avión. Pero entonces, ¿qué hago yo sola durante los trece capítulos de la primera temporada? ¿Coger cabosos? Encima, con mi vértigo, sólo puedo subirme a los árboles con ramas, así que ya me puedo ir olvidando de los cocos. Mierda, mierda, esto se mueve demasiado, se va a partir por la mitad. Como la azafata me vuelva a mirar con condescendencia le meto un grito. ¿Cuánto tiempo podré sobrevivir comiendo bolsitas de frutos secos de Binter? ¿Será verdad eso que dicen de las almendras? Ojalá, y eso que salgo ganando, por lo menos. Esto se sigue moviendo, no, no se mueve ¡se cae! ¡en picado! Ésta no la contamos, ya está, finito, caput, se acabó, muertos o abandonados en una isla secreta entre Tenerife y Gran Canaria. ¿Por qué diablos sonríe la azafata cinco segundos antes de su muerte? ¡No le veo la gracia a morir estampada, soy joven! Vaya. A lo mejor sonríe porque ya estamos en tierra, y soy yo la única que sigue con el cinturón puesto y aferrada al asiento. Sólo lo siento por el guaperas. Otra vez será.