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Alapryles y Diablitos

Autobombo

Por si les interesa, a partir de hoy y todos los viernes podrán leerme, aparte de aquí y en el rincón del friki de El Día (Sí, qué quieren ahora...), en el flamante suplemento Oxígeno de La Gaceta de Canarias (Edición Tenerife). Actualización: La Gaceta es un periódico REGIONAL. Mi tía me leyó hoy en Fuerteventura...

Cuando tenga ganas les pongo el enlace. Por ahora, me limito a cortar y pegar el texto :-)

Consejos vendo...

 

Mi madre siempre me dice que no puedo ir por la vida diciendo lo primero que se me pase por la cabeza, que así no voy a llegar a ningún lado.  Y es que es verdad, a veces las cosas hay que pensárselas mucho, hay que buscar la manera correcta de expresarlas, usar un determinado código o registro según sea la persona con la que hablamos. Aunque yo creo que la santa autora de mis días se refiere tanto a la forma como al fondo. Ella es de ese tipo de personas que antes de decir algo que pueda incomodar a su interlocutor, prefiere guardárselo, no como yo, que aunque intento seguir su ejemplo, la mayoría de las veces me quedo rumiando la respuesta perfecta, el dardo certero, y noto como poco a poco se va enquistando hasta que, o lo suelto, o descargo con el primero que pase por delante.

Mi abuelo me decía que tenía que contar hasta diez antes de decir cualquier improperio, incluso antes de dar alguna opinión comprometida o llevarle la contraria a alguien, y mientras contaba, considerar si era oportuno o necesario dar  esa opinión que bien podría meternos en un ciclo de discusiones que no nos iba a solucionar nada. Y mi abuela le daba la razón, aunque ahora que lo pienso, no sé si porque la tenía o porque ella misma seguía el consejo del viejo, famoso en mi familia por su manera de dar el brazo a torcer que yo ahora asumí como digna herencia: el "sí, pero no".

Mi profesora de Literatura de segundo anduvo dos años repitiéndome que no había que ser tan apasionada a la hora de defender una opinión, que no era más que eso. Incluso que muchas veces, las opiniones hay que reservárselas, por inconvenientes, por inoportunas, o, lo que es más importante, por innecesarias, que ya la vida me enseñaría que es más cómodo callar a veces, que no hace falta exponer nuestro punto de vista sobre cada cosa.

Pero ahora tengo una columna semanal en La Gaceta. Y puedo hablar de lo que quiera. Agárrense.

 

El Rincón del Friki (02/05)

Una de las cosas más valiosas que me ha enseñado la universidad es a reconocer a un cretino a primera vista. Es que no fallo una, oiga. Y no quiero decir que allí haya una concentración de necios por metro cuadrado que supere la media, lo que pasa es que en mi primer año en la facultad creo que me fui tropezando con todos.

El espécimen que más me cargaba, y lo sigue haciendo aún hoy, es el superado, aquél que te dice, por ejemplo, que no entiende cómo puedes perder el tiempo leyendo Sin noticias de Gurb, teniendo a Séneca. Eso me lo dijeron a mí en mi cara, y no supe qué contestar. Es el mismo tipo de cretino que comete el pecado intelectual de creer que todo el cine americano es peor que todo el cine europeo (separar el arte a estas alturas no por autores, sino por continentes, me parece el colmo de la tontuna), que detestan a Spielberg y a Lucas y adoran (o dicen adorar, al menos) a Rommel, o al soporífero Greenaway. Por supuesto, no soportan la televisión y les parece la mayor pérdida de tiempo del mundo pasarse un rato delante de la caja. En cuanto a música, parecen no tolerar a los artistas vivos (ahora que lo pienso, eso les ahorra una pasta en conciertos. Además de cretinos, tacaños). Les parece de muy mal gusto oír otra cosa que no sea música clásica, como mucho llegan al  jazz, pero sólo si el ejecutor en cuestión ya está criando malvas.

No voy a negar que comparto algunos gustos con esta especie. Me gusta Séneca, aunque prefiero a Catulo. El rayo verde es una película que, aunque lenta, en su momento me gustó mucho, y el jazz es una de mis músicas recurrentes, con la que disfruto tanto casi como sabiendo que mientras esos snobs están ocupados criticando mi gusto por la subcultura, se están perdiendo cosas como Six Feet Under, las aventuras de Indiana Jones, joyas como Troya (no fueron a verla sólo porque salía Brad Pitt), o el último disco de El cuarteto de Nos y la Bersuit Vergarabat, que siguen vivos y ojalá por muchos años.

Y es que si, como dice el refrán "para gustos, colores", el mundo de estos debe ser muy gris.

Ay, Chacón...

Menudo revuelo se ha armado con el nombramiento de Carme Chacón como Ministra de Defensa. (Atención al juego de palabras: "armado", "defensa", ¿lo pillan? Estoy que me salgo...). Apenas había terminado el Presidente de pronunciar su nombre y ya estaban unos cuantos dándose golpes de pecho y poniendo el grito en el cielo por el nombramiento de la nueva titular. Yo, al principio no entendía a qué venía tanto escándalo, y he de reconocer que hasta me gustó el puntito de provocación, pero oyendo las noticias esta mañana he sido consciente de cuánto peligro entraña esta mujer. Resulta que una de las primeras decisiones que ha tomado Chacón ha sido la de capar el acceso a Internet de los funcionarios del Ministerio, porque estaba comprobado que se pasaban gran parte del día mirando páginas de periódicos deportivos, páginas de subastas y páginas eróticas, así que la Ministra mandó firmes y se acabó el colapsar la red institucional y el perder el tiempo.

No me malinterpreten, no quiero que piensen que me parece mal que ahora los funcionarios de defensa se tengan que dedicar a trabajar en vez de a comprar series en Amazon o soldaditos de plomo en e-Bay. Lo que me preocupa del rollo es el ejemplo que pueda dar esta decisión. Me explico: mi jefa, esta mañana, me espetó: "voy a hacer como Carme Chacón". Y yo me privé porque pensé que se refería a lo de tener un hijo y ya me veía malcriándolo, y comprándole tonterías y educándolo como a un futuro caballero Jedi, y enseñándole a hablar como Yoda y tal. Pero no. Mi gozo en un pozo. Ella sólo se refería a lo de cortarnos Internet para las boberías y a mí se me cayó el alma a los pies. Ni blogs, ni páginas frikis, ni youtube ni nada de nada, y así no se puede trabajar, hombre.

Por eso, desde aquí, quiero decirles a los funcionarios que cuentan con mi más profundo apoyo; a la Ministra que cuidadito con lo que dice, que luego pasan estas cosas; y a mi jefa que no escribí estas líneas cuando debería haber estado currando, y que, por ponerle más fácil lo de emular a Chacón ya tengo pensado hasta el nombre: ¿Les gusta Peter Parker o prefieren Bruce Wayne?

Los curas flipados van al cielo

Los curas flipados van al cielo

Si ven pasar un cura colgado de una tonga de globos no pierdan el tiempo desconfiando de su farmacéutico, medico de cabecera y/o camello particular y llamen a la policía de Brasil, que andan como locos buscándolo...

¡Fistro pecadorrrrrrr de la pradera!

Sí señor. La sombra de Chiquito de la Calzada es alargada. Tan alargada que llega hasta Islandia.

Si no me creen vean este vídeo y después me cuentan.

Pd. Mataría por saber lo que pensaba el bueno de Raimundo Amador cuando veía a esa mujer caminando así por el escenario.

Y se lo dedico a Noe, mi librera de cabecera ;-)

Sintomatología

No las primeras canas, ni las arrugas. No una hipoteca, ni la declaración de la renta, ni un préstamo personal. Tampoco el cambio de cervezas y vino por carritos y pañales en las reuniones con los amigos.

Tomarse las medicinas para la gripe voluntariamente y a sus horas correspondientes. Ese es el verdadero síntoma de que nos hacemos mayores.

El Rincón del friki de esta semana...

Cuando me regalaron mi iPod nano (no me cansaré de nombrarlo), el primer vídeo que metí fue un capítulo de Barrio Sésamo que me había descargado, quiero decir, que había adquirido por métodos perfectamente legales y que no menoscaban los derechos de autor de nadie. Como soy, además de impaciente, medio tronca con estos aparatillos, me costó aprender a borrar los archivos que guardaba, y estuve un par de días enseñándole a todo el mundo el obsequio, amén del ya comentado vídeo. Era el capítulo en el que Espinete cantaba aquello de "tengo púas en la espalda pero por delante no, para que cuando me abraces no te pinche el corazón". La canción me encantaba de pequeña, y no fue hasta ahora, casi entrada la treintena cuando me di cuenta de que el rollo resultaba medio gore. Este descubrimiento hizo que me pusiera a investigar, y que recuperara viejos capítulos del programa que nos mantenía a todos los niños pegados a la pantalla de cinco a cinco y media de la tarde, y cuyas melodías tarareamos todavía, de manera medio subliminal.
Mirando en la red, me di cuenta de que no soy la única que decidió analizar el programa. Muchísimos blogueros hacían las mismas observaciones que yo. Espinete era un ser extraño, un erizo rosado de dos metros que sabía hablar, que vivía en una caseta verde ahí, en medio de un barrio y que se paseaba desnudo por la calle, pero que para dormir se ponía un pijama y que se envolvía en una toalla al salir de la ducha. A Espinete lo querían mucho todos, pero nadie se preocupaba de que no estuviera escolarizado, y de que un tal Don Pimpón, ser al que todavía no hemos podido clasificar (la discusión sobre si es perro, oso, incluso búho amenaza con convertirse en la más larga de la historia, después de la cuestión homérica) fuera a visitarlo todos los días y se llevara a menudo al bicho y a otros niños del barrio de excursión al bosque. Luego estaba Julián, el quiosquero, que casi siempre terminaba regalándoles las golosinas que compraban, Ana, una medio hippie que vivía en un apartamento y Chema, el panadero. Lo más común, cuando coincidían todos en la calle es que, de repente se pusieran a cantar. Así, de buenas a primeras: "Está lloviendo hoy", "Pintar sin parar" y todas esas que seguro que ustedes también recuerdan (capítulo aparte merecería la de "yo y mi llama, pues llama se llama, vamos a la clínica dental" ¿Por qué un niño lleva a una llama al dentista? Es más, ¿por qué un niño, en el centro de una gran ciudad tiene una llama? ¿Qué dice el SEPRONA?).
Bueno, todo esto viene no tanto porque este rincón se esté convirtiendo en una franquicia del canal Nostalgia, sino porque leo que la semana pasada fallecía Chema, el panadero, que además, estaba casado con Espinete (sabía que esos dos se traían algo raro entre manos) víctima de un cáncer de pulmón (A todos los que decían que había muerto de sobredosis a mediados de los noventa: sabía que era mentira). Noticias como esta nos hacen sentir un poquito más lejos de aquellas tardes de nocilla y colacao, pero crean una especie de conciencia de clase, salvando las distancias, que me hace sentir un poquito más acompañada.

No somos nadie...

Jo. Me entero por el blog de Sergio (Avatareño Mayor) de la muerte de Chema, el panadero de Barrio Sésamo, uno de mis grandes amores de la infancia (otros dos eran Víctor Manuel e Imanol Arias, pero eso da igual). Y me dio un no sé qué de pena y nostalgia. En fin.

Y para seguir con las notas necrológicas, aunque esta noticia no tenga ni punto de comparación con la del panadero de Espinete, les informo de que se murió Yessica, una de nuestras dos gallinas, la que ponía los huevos más grandes del mundo. Supongo que, acostumbrada a la tranquilidad de Tasarte, no resistió el ritmo de vida de Santa Cruz. Por lo menos pasó sus últimos meses en la tranquilidad de su gallinero de azotea, mejor cuidada y alimentada que yo.

Es que no somos nadie...

¡Gané! ¡Ja!

¡Ay, que estoy que no quepo en mí! ¡Que me han dado el premio Dardo! Y antes de que lo diga alguien, no, no es un premio a la mordacidad, a la antipatía o al martilleo, a pesar de lo que pudiera parecer por su nombre.

Pues eso, que Esther, desde su blog Atarecos, me hace entrega de este premio que, además viene acompañado de este texto:

"La I Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con el reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personal, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras rotas".

Y yo, qué quieren que les diga, me emocioné tanto. La cosa es que ahora yo tendría que darle el premio y lanzarle el dardo a nada más y nada menos que quince blogs, pero, una, que es relativamente nueva en esto, se va a quedar corta y se lo va a dar a cuantos le dé la gana (menos de quince, obviamente). Es que tengo alma de diva, con el premio recién concedido y ya se me suben los humos y hago lo que me sale del bolo.

And the dart goes to:

Astroyorch

Mar de Aire

Lo tuyo no tiene nombre

Crónicas Cordobesas

Conache

Y resulta que la atareca listilla ya se lo dio a Angeles Jurado, Sinaja, pero yo quiero dárselo también (que no se sienta obligada a nombrar otros quince blogs, por dios, que entonces sería un no acabar). Y como acabo de ganar, y estoy así de subida, y me da la gana, pues eso. Que se lo doy a Sinaja. (Entren a su blog y disfruten, carajo)

Y así, al final de este post, me viene a la cabeza un diálogo de Pulp Fiction. Aquel que decía: "Caballeros, no empecemos a chuparnos las pollas todavía". Cosas de la mente humana, oiga.

Tocando el suelo

Dominar el mundo, ese es el deseo más íntimo de todo friki. Yo, que como les contaba el otro día, no soy tan friki como ustedes podrían creer, me conformo con algo a priori mucho más sencillo: ser inmensamente rica, más rica de lo que nadie haya sido jamás (el poder absoluto vendría después motivado por este hecho, pero no es algo que me quite el sueño). Como ni mi talento, ni mi capacidad de trabajo, ni mi dedicación, ni mi fuerza de voluntad parece que vayan a ayudarme a conseguir mi sueño, había pensado dedicarme a los negocios turbios, quería convertirme en una tía chunga de verdad, que traficara con armas, con estupefacientes, que dominara todo el tinglado del top manta, de la venta de objetos robados; alguien a quien la propia policía tuviera miedo , que tuviera todo el poder sobre lo que ocurriera en la ciudad y que no le cediera el asiento a los viejos en el tranvía. El poder y el dinero vendrían de la mano y tendría todo lo que siempre había soñado, que tampoco es tanto, a saber: una wii, una tele enorme, un patio donde poner unos diez o doce perritos y poco más (lo de los Miró en el baño no es mi estilo, me van a perdonar).

Pero una vez más, el mundo real me ha puesto los pies en el suelo. Resulta que leo en la prensa seria que han capturado a un narcotraficante de los gordos, uno de esos que hasta se hacen la cirugía estética (de manera desafortunada, para colmo, le quedaron unas bembas que ni Carmen de Mairena), en su rancho de no sé qué país de América. Pues bien, el narco chungo ese, al que uno se imagina como un ser terrorífico, que apalea a sus empleados y mata cachorritos para entretenerse, tenía una colección de objetos de Hello Kitty que ahora sale a subasta. En un primer momento me dije: “a ver, si un fulano con las bembas más infladas que las de Yola Berrocal que duerme con un pijama de Hello Kitty ha sido capaz de todo eso, yo, que cuando me pongo me tiene miedo hasta el senador Palpatine, ¿qué no podré conseguir en ese negocio?” Hasta que me puse a pensar. No soportaría que mi imagen de mala malísima, de extorsionadora y comeniños quedara por los suelos cuando la policía decidiera que sería más divertido sacar a la luz la cantidad de horteradas y cursiladas que pueblan mi casa, que tratar el asunto con la prudencia y la discreción que el caso requiere. Y es que chunga y mala sí, pero con mi poquito de dignidad, hombre.

¿A qué esperan?

Aunque al fiel lector de este espacio (el uso del singular está meditadísimo, no crean) le pudiera parecer que vivo en una burbuja de frikismo, no es así. Lamento bajarlo de la nube, amigo, y derribar el mito que, sin duda, debe tener construido en torno a mi persona (si no es así, no sé a qué espera). El caso es que a veces me cuesta mucho trabajo encontrar tema para este compromiso semanal y esta ha sido una de esas semanas.

Cuando lo comentaba esta mañana, alguien me contó una anécdota de cierto escritor que estando en el mismo trance en el que me encontraba yo, (salvando las distancias) no encontró tema mejor con el que entretener a sus lectores que las colecciones de sellos, el noble arte de la filatelia y el bien que ese entretenimiento producía en la mente de los que lo practicaban. Cuál no sería su sorpresa cuando, al poco tiempo, empezó a recibir en su casa cartas y paquetes con sellos, como obsequio de los que leían su columna, en un intento de agradar al escritor y de fomentar su, por otro lado, inexistente afición. La persona que me contó esta anécdota me conminaba a que yo hiciera lo mismo esta semana, y que les comiera la vista con sellos, matasellos y estampas, pero yo, por mi cuenta y riesgo, he decidido tirar por la calle de en medio y hablarles de mi afición a los aparatitos electrónicos, ordenadores, PDAs, consolas de videojuegos y demás. Es la mía una noble afición también, que mantiene activo mi cerebro, que fomenta mi relación con los demás. El mimo con el que cuido mi iPod nano me sirve como entrenamiento para el día en el que decida tener un hijo (bueno, vale, una planta o una mascota, eso es más probable). Mi afán por poseer una Wii fomenta la perseverancia y mi adoración por el iPhone y el Macbook air hacen que mi creatividad alcance límites insospechados.

Como ven, amigos, yo he seguido el ejemplo del columnista. Ahora les toca a ustedes seguir el ejemplo de sus lectores. Y no olviden envolver bien los paquetes antes de mandarlos, que estos aparatitos son muy delicados.

Conspiranoia

Conspiranoia

Ayer se cumplieron diez años de la aparición de la píldora Viagra. Esta efeméride coincide con el cumpleaños de Mariano Rajoy. La identidad corporativa del PP, partido que preside, o algo, está basada en el color azul.

¿Casualidades? Yo lo dejo ahí... 

¡Exclusiva!

Casi me da un ataque de risa leyendo la noticia y viendo el video en Atarecos, el blog de Esther Pérez Verdú en Canarias7 (hagan clic aquí y entren, coño). Resulta que el cantante de REM ha subido un video a Youtube para soltar la bomba: el bajista y el guitarrista de su grupo ¡son heterosexuales!

Y qué casualidad... Yo sé de un grupo en el que pasa más o menos lo mismo. A dónde iremos a parar... ;-)

Yo no tengo la culpa

Cuando mis padres trajeron a casa el primer reproductor de vídeo también trajeron un vhs con los mejores momentos de las películas de James Bond hechas hasta entonces y la trilogía de La Guerra de las Galaxias. La saga estelar se convirtió así en la primera película que podía ver tantas veces como quisiera, y, como una era compulsiva desde chica, no fueron pocas, se lo aseguro.

Mi abuela vendía en su tienda, entre otras cosas, pastillitas de goma con forma de lagarto y de ratones, como los que se tragaba enteros Diana la de “V” y pronto se convirtieron en mis favoritas, no tanto por su sabor (ya no lo recuerdo) como por lo glamuroso que resultaba comérselos como en la serie (por favor, los seguidores de Freud que se abstengan de cualquier comentario o pensamiento malintencionado). También vendía unos helados que se llamaban “Trueno Azul” que eran, aparte de asquerosos, azules, y que yo los usaba para jugar al helicóptero de la peli hasta que el grito de mi madre me alertaba de que me estaba poniendo perdida y no me quedaba otra que comérmelo.

La llegada de las televisiones privadas a mi pueblo coincidió con el auge de “Humor Amarillo”, “Presing Catch”, “Campeones” y “Los Caballeros del Zodíaco”; esta última serie nos mantenía entretenidos liándonos a tortas mientras no estábamos en el barranco buscando restos arqueológicos, a lo Indiana Jones, o cazando libélulas para congelarlas y ver si luego volvían a la vida, como cualquier profesor chiflado. Creo que, aparte de los desastres que provocaba con el quimicefa que inocentemente me regaló mi abuelo, fueron esos fracasos científicos los que me mandaron de cabeza al estudio de las lenguas clásicas.

Ahora, un par de años más tarde, tengo una abuela, la mejor que nadie podría tener, a la que van a convertir en Robocop, colocándole unas rodillas de cualquier metal, o aleación o yo qué sé; tengo también una madre que se mete todas las tardes de remojo en la piscina municipal y hace el circuito hidrotermal enterito con sus amigas (¿Se acuerdan de la peli “Cocoon”? Pues a ellas las llamo “Las cocúnes”); mi padre, ante cualquier pregunta impertinente responde “yo soy tu padre”, aunque respirando perfectamente. Mi amigo Damián llama “KIT” a su coche destartalado, y otro de mis amigos nació el 25 de mayo, día del Orgullo Friki. Así que cuando el otro día alguien me decía que era una lástima que escribiera sobre cosas tan raras de frikis en esta columna (que, por cierto, ya existía antes de que cayera en mis manos), y no me dedicara a otra cosa, no me quedó más remedio que asumirlo: yo no elegí ser friki, señores, lo friki me eligió a mí. ¿Qué quieren ahora?

¿Vieron que hay gente...

...que cuando les haces una pregunta, sea cual sea, invariablemente, la primera palabra de su respuesta es "Ehhh"?

 Pues yo soy de esas.

Mi semana santa

La semana santa siempre fue una de mis épocas favoritas del año. Como un oasis en medio del desierto aparecía una semana de vacaciones escolares y, más tarde, cuando una ya tuvo edad de viajar sola, diez o doce días de recogimiento al más puro estilo andaluz: fino, jamón y manzanilla; una suerte de via crucis por todos los bares de la ciudad y un domingo de resurrección más milagroso que el que se celebra realmente.

De pequeña, lo que más me preocupaba de la semana era la falta de variedad televisiva. Afortunadamente siempre fui aficionada a las películas de romanos, y la misa desde el Coliseo me parecía la mejor obra de teatro a la que podría asistir nunca. Luego, de adolescente, las preocupaciones fueron por otro camino: “Ojalá mis notas sean estupendas para que me dejen viajar”, “¿De dónde puedo sacar la pasta que me falta para gastármela en cerveza?”, “Por favor, Dios, si hace buen tiempo voy a creer en ti, pero esta vez de verdad”, y así.

Ahora, que parece que se acerca la edad adulta (antes muero que reconocer que me hago vieja), la vida me lleva al buen camino. Veo la semana santa como una época de recogimiento, pero de verdad, como una época de reflexión; incluso estoy pensando seriamente si afiliarme o como se llame, a una cofradía de esas. El año pasado estuvimos planeando la creación de la cofradía de Nuestra Señora del Lado Oscuro, y no se crean que había pocos candidatos a esclavos mayores. Imagínense, un paso con la imagen de Darth Vader, con toda la guardia imperial a sus pies y la marcha imperial sonando a todo trapo por las calles de La Laguna y díganme ahora que esta herejía no es el sueño de cualquier friki. Si la iglesia se pusiera las pilas en este sentido, otro gallo le cantara. Seguro.

Grandes verdades

Grandes verdades

¿Soy la única que piensa que la gracia de Rosa López, Rosa de España, era que estaba gorda, gordísima y por eso había que tratarla bien?

Ahora es una flaca del montón...

En la consulta...

-Tienes que trabajar en eso. No puedes ver siempre el vaso medio vacío.

-Es que ese no es el problema. A diferencia del resto del mundo, yo nunca pienso en vasos medio llenos o vasos medio vacíos. Yo pienso que el vaso tiene vida, y que me quiere matar.

'Ta bueno ya

¡La subida del coste de la vida corresponde a un ciclo económico y NO a un ciclo político!

Y por cierto, el debate de anoche lo ganaron los dos... Olga Viza y Gaspar Llamazares.

Alguien tenía que decirlo...

Frase del año III

"Madagascar no es Mozambique. Francia tampoco. Y Alemania mucho menos."

Cristina dixit.