Blogia

Alapryles y Diablitos

La Rama technovicking

Me acordé ahora de la existencia de este vídeo y, aunque todos lo habrán visto, no puedo resistir la tentación de colgarlo aquí. Enciendan los altavoces, háganme el favor, que el que consiga aguantar la risa a partir del minuto 0:26 se gana una cosa.

11 de Septiembre,

día del Charco. Y yo estoy en otra isla. Y trabajando. Así que hoy ni me hablen.

Pueden regalarme cosas, si quieren

El sábado, este humilde blog, que sólo pretende marcarles la vida para siempre, cumplió 2 años, 2.

Y la dueña lo está flipando porque nada, salvo la talasemia, le había durado tanto.

Lunes musicales

Es insana la nostalgia los días de resaca en una cabecita como la mía. Porque hace que una se vuelva loca cuando encuentra cosas como ésta, la cante a todo grito por la casa y acabe delante del espejo en el estribillo.

No me sean snobs y reconozcan que les encanta, infelices. Buen lunes :-)

Envidia sana, sí...

Queridos amiguitos, esta semana vamos a desmontar un mito que se remonta a los tiempos de Maricastaña: el de la envidia sana. La envidia sana no existe. Es así. Punto. Existe la envidia, a secas, ¿cuándo vamos a empezar a reconocerlo? No somos peores personas por el simple hecho de desear lo que tienen otros, así que más vale que, en lugar de intentar justificarnos con esa expresión absurda (que además no cuela, sépanlo), dediquemos todos nuestro esfuerzos a levantarle al otro el oscuro objeto de nuestro deseo, y ya está, o simplemente, a maldecir nuestra suerte una y otra vez y a repetir a gritos que el mundo está confabulado en nuestra contra. Esta última opción no es nada productiva, lo sé, pero al menos sirve para desahogarse y echarle la culpa de todo al hado, la suerte o el destino y no a la propia inoperancia.
Aunque bueno, la suerte también tiene que ver a veces, y la inoperancia de los demás también. Les cuento el caso que me ha tenido estos días subiéndome por las paredes. Una mujer, que no tiene la culpa de nada, pero yo la odio igual, va por la carretera. De pronto, un automovilista despistado choca con ella, reconoce su culpa y se ofrece a pagar el arreglo. Y ustedes se preguntarán: “¿está esta pobre tan tarada que un accidente le produce envidia?”. Pues sí. Estoy así de colgada. Me habría encantado estar en el lugar de esa mujer, sentir el susto inicial, bajarme del coche envenenada, con la vena del cuello a punto de estallar y diciéndome (porque los loquitos somos muy de hablarnos a nosotros mismos): “se va a enterar éste de las lentejas que dan por un duro” y que me pasara lo que le pasó a ella: que el dueño del cochito de choque fuera el mismísimo George Clooney, que cargara con las culpas y, no contento con eso, comprara otro coche igual, para compensar. Ni envidia sana ni leches. Envidia de verdad, es lo que tengo, y suerte que no conozco a la implicada, porque no me imagino qué clase de cosas horribles podría estar ahora maquinando contra ella.
Y sepan que no me muero de la envidia porque estoy de mal humor y no quiero que, para colmo, encuentren mi cadáver con el ceño fruncido.

El día feliz que está llegando

No, no es por la canción de Silvio. Es que Él vuelve hoy. Y Ella, aunque nunca se fue del todo. Bienvenidos sean...

Confesiones extremas II

Miren, yo no sólo estoy enamorada terriblemente mal de Pablo Matos. Ahora que empieza Factor X, quiero hacer pública otra de mis perversiones: me vuelve loca Jorge Flo, quiero que venga a instalarse a ver películas en mi sofá y pasear con él de la mano los domingos por el mercado. Y hacer más cosas que no voy a detallar porque tengo constancia de que este blog lo leen menores (Pilar, va por ti. Apaga el ordenador YA).

Yo ya lo dije. Ahora verán lo que tardan ésta y ésta en ponerse con sus boberías de que si yo lo vi primero, es mío, perra y qué sé yo... Pues se me van olvidando.

La prueba definitiva de que el mundo se fue al carajo:

María Teresa Campos es la nueva presentadora de La Mirada Crítica. Y no, no es el día de los inocentes. Lo digo en serio.

Me quiero arrancar los ojos y usarlos como tapones para los oidos. ¡¡¡QUE VUELVA VICENTE VALLÉS YA!!!

Lunes musicales

Hey. A empezar la semana moviendo el culo. Hazte Logo! ;-)

Estrategias de supervivencia

Yo entiendo que la gente normal trabaja ocho horas, o más, y que eso no le parece a nadie inhumano, ni raro, ni una de las catástrofes  más terribles de la humanidad toda. Sin embargo, los que tenemos problemitas, y voces dentro de nuestra cabeza y, además, acabamos de regresar de las vacaciones, no vivimos esa experiencia con la misma naturalidad. Por eso he desarrollado una serie de estrategias de adaptación que harían que al mismísimo Darwin se le cayeran los calzoncillos de la emoción, y, fiel a la vocación de servicio público de este espacio, las voy a dar a conocer, y a convertirlas en software libre.

1.-Después de la primera semana de reentrada en la atmósfera, el organismo empieza a adaptarse a ese horario infrahumano. Este es el primer paso. Una vez que el cuerpo no es una cosa que simplemente se arrastra por ahí, puede activarse la fase 2.

2.-La fase 2 consiste en lograr el estado de cerebro clínicamente muerto. Debe comenzarse el proceso una hora antes de la entrada al trabajo, porque si uno lo piensa un poco no sale ni loco de su casa, y debe concluirse media hora después, para que cuando uno se esté acercando a su hogar ya no pueda recordar de dónde viene ni qué cosas horrendas ha tenido que hacer y/o escuchar. Este estado de cerebro en stand by permite acumular energía para las cosas que verdaderamente importan y que, sépanlo, nunca, pero nunca-nunca, van a ocurrir en su lugar de trabajo.

Si trabajas en una oficina, lo mejor es hacer lo que todos hacen. Si, por casualidad alguien se dirige a ti, debes poner cara de idiota desamparado y aplacar el sonido que puja por entrar a través del tímpano, diciéndote frases del tipo: "oh, dibújame un cordero", "creo que he visto un lindo gatito", o "talk to the hand". Es posible, asimismo, dormir con los ojos abiertos: mirar fijamente el monitor con el ceño fruncido, (teniendo la precaución de tener una mano sobre el ratón todo el rato), produce milagros. Si algún indeseable osa interrumpir nuestro sueño, hay que tener a mano la coartada: "disculpa, es que estaba muy concentrada".  Si tienes la suerte de tener uno de esos trabajos que nadie sabe en lo que consisten, ya tienes medio camino andado. Si, además, tienes que salir a hacer recados de vez en cuando conseguirás poder dedicar toda tu jornada laboral a pensar en lo que quieras, y a hablar con la vocecita que vive dentro de ti, que es la que realmente te entiende.

El rincón del friki. Más que una columna semanal, un servicio público. De nada.

En la duda...

...No sé si casarme o comprarme un perro,

La respuesta correcta es la B. Obviamente.

No con sus hijos

Ayer sufrí la penosa experiencia de almorzar con unos amigos en un restaurante al aire libre atiborrado de gente que arrastraba a sus niños sicóticos por todos lados. Pude sobrevivir porque no dejaba de pensar en qué pasaría si sucediera una tragedia allí en ese mismo instante.

La gente que tiene niños debería mudarse a una isla perdida en el Pacífico, junto con otra gente que también tenga niños. Y deberían dejarnos en paz a los que cargamos solamente con nuestro cuerpo por el mundo, amargados -quizás-, pero sin lastres que perturben las vidas de los otros. Sólo pido eso. Que me dejen vivir como lo que soy, una persona que ha decidido no expulsar ningún ser vivo de su útero, aun a riesgo de ser considerada una de las causantes de que nuestra especie se esté yendo al carajo. Nuestra especie no puede irse más al carajo, sépanlo, porque ya está mucho más allá de él.

Ayer entendí un poco más a esos yanquis loquitos que van a lugares públicos armados hasta los dientes y ejecutan enormes masacres sin titubear.

Confesiones extremas

1.- Cuando alguien me dice algo y yo me mantengo en silencio y sin responder nada aunque me amenacen, puedo estar pensando alguna de estas tres cosas:

      a) eres un mandril analfabeto y no me voy a detener un minuto a explicarte la barbaridad que acabas de decir,

      b) eres tan estúpidamente absurdo que estoy llorando por dentro porque compartimos el supuesto hecho de parecer de  la misma especie, o

      c) tu estrechez mental es lo que hace que yo quiera andar golpeando furiosamente gente por ahí.

A veces es una mezcla de las tres cosas y no puedo verbalizarla por razones obvias.

2.- Cuando pongo cara de que algo me interesa y, además, la enfatizo con expresiones como "me interesa mucho eso" o "ajá", estoy fingiendo descaradamente. Dentro de mi cabeza sólo escucho carcajadas y, ocasionalmente, el sonido del mar.

Ahora ódienme un poco más.

 

Lunes musicales

Les juro que llevo una semana, desde el lunes pasado que fui a ver la peli, esperando para poder colgar este vídeo. Y me van a permitir que me ponga corporativista y se lo dedique a todas mis lectoras. Ya saben, el blog es mío y me lo f***o cuando quiero.

Ah, y si me van a poner tiquismiquis y criticones porque me encantó la peli, háganme el favor de ir a verla antes de hablar, carajo.

Buen lunes.

Pues qué bien.

Pues qué bien.

Por si no tenía suficiente ración diaria de loquitos...

...hoy una vieja me habló en el tranvía. Me habló y no paró nunca. Yo no tengo la culpa de que su familia no le hable, señora,  llevo puesto los auriculares precisamente para evitar este tipo de situaciones; dese cuenta de que no la estoy ecuchando porque no me interesa en absoluto saber qué hacen sus nietos, ni qué le dicen sus hijos, ni cuánto tiempo hace que murió su maridoqueenpazdescanse. El marido debe haberse asfixiado con sus propias manos para no cortarla en cachitos y enterrarla en el jardín.

Tuve que hacer un esfuerzo ímprobo para no decirle todo esto o coserle la boca con hilo de pescar. Me está funcionando el yoga. Aún así, no tienten a la suerte, o no respondo de mí.

Spoilers vitales

¿Quién no ha odiado durante al menos un par de días al amigo que te fastidia el final de una película, o de una serie? Son los conocidos como spoilers y a mí, personalmente no hay cosa que me reviente más. Además, últimamente me he dado cuenta de que no hacen más que llegarnos por todos lados estos anticipos informativos, y no sólo referidos a películas, libros o series de televisión, sino algo mucho más serio: son los spoilers vitales (el nombre me lo acabo de inventar, así que no se gasten buscando otras informaciones). Yo, ahora que he abandonado el relativismo y abrazo con emoción el absolutismo, porque creo que es la única corriente que puede salvarnos a los intolerantes, voy a proponer una ley de regulación para todos los anuncios que intenten ir un paso por delante de mi actual estado mental y corporal, es decir, de mi edad. Es más, ahora que lo pienso, también voy a proponer que se prohíban los anuncios de enfermedades que no tengo, y todo por un motivo muy sencillo: no me interesa saber. Así, en absoluto. Ese exceso de información que yo no pedí es spam, y si la ley persigue implacable los correos y las llamadas basura, no entiendo cómo pueden permitir que sigan destrozándome a mí la vida de esta manera. Señores publicistas, yo no quiero saber que hay gente que no va al baño (a cagar, se entiende, pero quería ponerme fina), y cuántos yogures tuvieron que comerse antes de que aumentara su frecuencia deposicional (ahora sí me salió); no me interesa lo más mínimo que la gente sufra las hemorroides en silencio y, por otro lado, si ellos las sufren en silencio ¿por qué ustedes las pregonan a los cuatro vientos?; vivía muy tranquila antes de saber que a los cincuenta, o por ahí, un día, en una carcajada, se me iba a salir la gota de pis, como a Concha Velasco, y ahora, llegada esa edad, me cuidaré muy mucho de reírme, aunque sea "en una fiesdhdta".

Pero si andaba cabreada por lo de los anuncios, lo del otro día fue peor. Viendo una serie sobre extraterrestres, uno de los personajes, al que habían resucitado para preguntarle no sé qué cosa, no tiene más que, obviando las esperanzas que pudiéramos tener, o las creencias, espetarnos a bocajarro: "no hay nada más después. Está todo oscuro". Y se queda tan ancho.

 Gracias, señores creativos,  muchas gracias por cagarme el futuro.

 

Convivir conmigo misma.

Ustedes no saben lo difícil que es ir por la vida con mi cerebro puesto. El tipo tiene la capacidad de realizar más o menos eficientemente lo que se espera de él para que no le saquen tarjeta roja y me declaren vegetal, es decir, gestiona mínimamente las funciones biológicas básicas y poco más. Ahora, en el resto, tiene vida propia.

Él decide, por ejemplo, lo que quiere oír. No lo que quiere escuchar, ni siquiera lo que quiere asimilar, no, es mucho más radical que todo eso. Hay frases que consiguen que el caballero se desconecte inmediatamente. Es como si apenas fueran pronunciadas las convirtiera en unas pinzas gigantes que se introducen por la oreja, juegan con el tímpano y van un poco más allá hasta cortar efectivamente el nervio que lo conecta con todos esos huesos y cartílagos. Un ejemplo de esas frases podría ser la que empieza: "tú lo que tienes que hacer es...", y yo lo entiendo, al pobrecito, porque el predicado casi siempre suele tener que ver con enseñanzas de la vida, nunca es algo como ..."llegar al final del pasillo, matar al monstruo que te aparece por la izquierda y guardar la partida", no, siempre son predicados del tipo "salir más", "socializarte", "ser más simpática". Ahí mi cerebro y yo solemos estar de acuerdo. En esa frase y en la de "el problema de este país es...". Y da igual el predicado, siempre cambiante. Estamos jodidos, nosotros y el resto del mundo. Aceptémoslo y tratemos de seguir jodiéndola lo menos posible, bien calladitos.

Otras veces no me agrada tanto la libertad que se toma de decidir qué es interesante y qué no: cuando mi jefa me manda a hacer una lista de cosas, cuando me dan un recado importante, cuando me cuentan un chisme que en el fondo me interesa, cuando yo misma le dicto las cosas que hacen falta para llenar la nevera... Siempre acabo metiéndome en líos enormes por el afán de mi materia gris de tener vida propia. Lo único bueno es que cuando mi cerebro se desconecta, tiene la delicadeza de ponerme algo así como música de espera. A veces oigo claramente el sonido del mar; otras escucho un "bidubidubidubi du" emitido por una cotufa gigante con chistera y bastón que baila como Fred Astaire borracho.

Aun así, es difícil, muy difícil, convivir con mi cerebro. Créanme

Justifique su aislamiento social.

Tenga un blog.

Por si no se habían dado cuenta...

...el mejor blog que jamás haya existido y yo estábamos de vacaciones.